Domingo de soledad.
Otro domingo más en el que me pudro con la rutina mientras pienso en el horizonte de tus ojos (ahora tan lejano) y descubro dentro de mí que he perdido las ganas de mi misma al no tenerte. Aquí encerrada en estas cuatro paredes que me asfixian con la angustia de no saber de ti, este domingo debería ser de descanso y no de desaliento al recordarte mientras tu perfecta sonrisa era la mayor de las tentaciones. Este día debería estar fijado para comernos a besos mientras el mundo a nuestro alrededor se paraliza, podríamos demostrar que la paz existe y que la crisis no es excusa para querernos un poquito más. Deberíamos soñar con la victoria de un abrazo y con que el frío puede ser una evasiva para que nuestro fuego derrita las calles y parezca que aún estamos en verano y disfracemos este domingo de la floreciente primavera.